Un piso con texturas y acabados nada convencionales


El interiorista y diseñador Guille García-Hoz y su pareja, el arquitecto Sergio Martínez, nos descubren su nuevo piso en el céntrico barrio de Argüelles, en Madrid.

Un ático de 130 metros cuadrados que había sido un piso de estudiantes descuidado y muy dividido por tabiques falsos. Y es que dónde otros no ven más que basura, ellos encuentran oportunidades, prueba de ello el potencial que le vieron al ático tras una gran reforma.

Lo primero fue redistribuir los espacios, para lo cual decidieron disponer en torno a la terraza todas las piezas "públicas", y hacia la parte de atrás de la vivienda las partes más privadas, como los dormitorios. Esta disposición recuerda en gran medida a las casas patio, dónde éste es el verdadero protagonista, y el resto de las estancias se vuelcan hacia él.


Cabe destacar que la estructura del edificio es metálica, lo que facilitó bastante la redistribución, permitiendo tirar el muro maestro que separaba las habitaciones más generosas, éste era de ladrillo viejo, pero no estaba trabajando, vibraba al darle un golpe y la viga que soportaba estaba fletada, así que decidieron cambiarla y reforzarla.

Dejaron un salón-comedor y una cocina en L, para que la última no fuera plenamente visible desde el primero y mantuvieron el largo pasillo que lleva a los dos dormitorios.


Durante la intervención primó la restauración de aquellos elementos que pudieran ser conservados, como los azulejos originales del baño, los suelos de madera y las carpinterías interiores. Durante el proceso de picar las paredes para posteriormente pintarlas, descubrieron el yeso en bruto original de los años 30 y decidieron dejarlas en bruto dando la oportunidad aportar calidez sin meter color y huyendo del blanco típico.







El trabajo como interiorista y diseñador de García-Hoz es siempre fresco y divertido.

Los mercadillos de Jesús Pobre o de Port des Lanne en Francia, anticuarios madrileños, amigos y su propia tienda, Hola Guille, donde vende objetos de artesanos-artistas, han sido sus principales proveedores.

No hay nada rígido, ni estereotipado, ni colocado de forma que parezca premeditada. Una caja fuerte de un barco inglés o un baúl heredado de su abuela sirven de mesitas auxiliares y un botiquín de madera como mesilla. Todo es amable, cercano y cálido pero esa era la idea.


Según dice, odia esos pisos de nueva construcción, con paredes impolutas de pladur y suelos laminados que parecen de plástico, donde todo es perfecto. Por ello una de sus máximas para la vivienda era no intentar disimular la huella de las nuevas rozas, ya que son honestas, son como cicatrices. " Me gusta que la tarima de madera cruja cuando andas; vas descalzo y notas las grietas. Eso es lo que hace una casa de verdad”.

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